Religiones: Prisiones de la mente.

Capítulo I / Serie III: La política

Serie III: La política.

El 25 de diciembre de 496, Clovis I rey de los Francos (Clodoveo I), después de ganar inesperadamente una batalla luego de rezar al Cristo de su esposa Clotilde, batalla crucial en la que su propia vida peligraba, decidió bautizarse en la Catedral de Reims. Este hecho visto en perspectiva parecería insignificante de no ser por un hecho adicional ocurrido ese día y lo que derivó del mismo. Para no perder la autoridad que poseía sobre su ejercito pagano, ese mismo día Clovis hizo bautizar a 300 de sus capitanes y guerreros más importantes, evitando la indisciplina o el alzamiento de algún grupo de rebeldes.  Por otra parte el bautizo de Clovis marcó el inicio de la unión entre la iglesia católica y la monarquía francesa,  la cual habría de perdurar hasta comienzos del siglo XIX. A partir de Clovis, todos los reyes de Francia habrían de gobernar en nombre de Dios, y sólo sus descendientes directos podían pretender al trono. El bautizo permitió al rey implantar perdurablemente su autoridad sobre las poblaciones dominadas y gracias a este bautizo pudo contar con el apoyo de la iglesia para proseguir la expansión de su reino y la consecución de nuevos fieles.

El anterior es solo un ejemplo de cómo la religión y la política han estado ligadas desde hace mucho tiempo. Los reyes persas consultaban a sus astrólogos para la toma de decisiones, los faraones eran seres divinos, los reyes de Francia lo eran por decisión de dios, Julio Cesar era Pontifex Maximus, y así a lo largo de la historia.

Pudiese pensarse que en los tiempos que transcurren, de modernidad e indetenible desarrollo tecnológico, la civilización conocería pocos regímenes políticos que sean autenticamente teocráticos o al menos influenciados en gran manera por la religión, en la práctica siguen existiendo muchos gobiernos que rigen los destinos de sus pueblos en base a doctrinas religiosas, para no ahondar en los estados que aún permiten apredrear a muerte a las mujeres adúlteras u otras prácticas intolerantes y discriminatorias sostenidas por la religión.

En 1985, durante las Conferencias Gifford de la University of Glasgow, el notable astrónomo y excéptico Carl Sagan se preguntaba sobre la innacción de las religiones organizadas a manifestarse acerca de la posibilidad del exterminio de la raza humana a manos de las armas de destrucción masiva. La carrera armamentista de la Unión Soviética y Estados Unidos, principalmente, llegó a elevar el número de armas nucleares a más de 22.000 en su mayor apogeo, unas 20.000 bombas más de las necesarias para acabar con la vida humana en el planeta, la tímida reacción de las iglesias cristianas en el hemisferio occidental se limitaba a decir, en algunas ocasiones, que semejante idea era mala, sin embargo nunca se llegó a límites razonables de reprimenda, cuando hubiese sido fácil pedir a los feligreses que simplemente no trabajaran en la fabricación de las piezas necesarias para la construcción de dicho armamento. De hecho, algunas iglesias puritanas y conservadoras de los estados Unidos llegaron a comparar las similitudes de las consecuencias de una guerra nuclear con las profecías del Apocalipsis y que en vista de dichas similitudes, detener la fabricación de armas nucleares era contravenir la palabra de dios. Este fragilísimo argumento fue refugio de las políticas de algunos importantes líderes occidentales y justificativo de la continuidad de la carrera armamentista.

Mohandas Gandhi y Martin Luther King Jr. se valieron de preceptos religiosos para alcanzar importantes e inesperados resultados, enormes cambios sociales y mejoras para sus pueblos, dando un ejemplo pocas veces seguido por otros líderes religiosos y francamente en desencuentro con aquellos que hacen uso de la religión como excusa para las guerras. Y si bien este argumento se ha usado durante siglos, es mejor recordar cosas más recientes, como a George W. repitiendo que Dios le había dicho que hiciese la guerra a Irak.  

La regla de oro del cristianismo predica que se debe amar al enemigo, y es una de esas pocas directrices que no tienen condicionante, no dice “amarás a tu enemigo a menos que este no te caiga ni poquito bien”. Ahora bien, la Inquisición fue una política del estado monárquico español por muchísimos años, por años se aplicó tortura a enemigos y disidentes, generalmente por conveniencia política. Francisco de Miranda, el precursor independentista americano fue perseguido por tener libros de los enciclopédicos franceses y otros considerados revoltosos no por la corona, sino por su instrumento más eficaz, la Inquisición.

La influencia de la religión en la política está llena de hechos controversiales, Henry VIII creó la Iglesia Anglicana no por una revelación espiritual, sino porque la iglesia Católica no lo dejaba casarse con otra mujer (finalmente se casó seis veces) , en parte esta decisión llevó a Inglaterra a convertirse en el mayor imperio naval del mundo; podría pensarse que dios estaba dando su apoyo implícito a la iglesia anglicana, pero la misma no pasó de ser una iglesia nacional. Richelieu y Jules Mazarin llevaron a la Francia de los Luises a una extraordinaria época de esplendor a costa sin embargo de los disidentes hugonotes que pagaron con sus vidas y, convenientemente, con sus bienes.

Las guerras en Italia entre guelfi y ghibellini causaron numerosas pérdidas de vidas humanas, todo porque al papa Honorio II no le convenía Corrado, duque de Franconia, como emperador. Para completar, cuando Federico Barbaroja fue coronado emperador las cosas se pusieron peor con el papa Adriano IV y no por alguna razón espiritual, sino por el llamado Tratado de Constanza, un mamotreto político que le debía otorgar el poder terrenal y político al papa sobre Roma. El resultado fue una serie de guerras y revueltas y la elección de dos papas a la muerte de Adriano, todo aderezado con las inevitables bajas de guerra, generalmente entre el pueblo llano que terminaba pagando las culpas de los errores políticos de dos dirigentes, uno de ellos líder espiritual de la iglesia católica.

Las religiones en algunos países han evolucionado en complejos sistemas de castas, discriminatorios y excluyentes, o en élites teocráticas que disponen de las vidas y libertades de las personas. Si todas las religiones tuviesen la razón sería imposible pensar que los Estados Unidos “una nación bajo dios”, pudiésen estar equivocados en sus intervenciones en otros países, especialmente bajo semejante apoyo divino, o nadie podría dudar de que “Dios y Federación”, divisa durante muchos años del escudo de Venezuela, son las guias del estado venezolano.

La  verdad es que si todos los estados basados en principios religiosos tuviesen la razón, todos estarían equivocados, si solo uno estuviese en lo cierto todos los demás no tendrían justificación, pero lo más probable es que ninguno pueda dar justificación a sus acciones y mucho menos a sus errores si su origen fuese divino, por lo que es evidentemente más acertado pensar que todos siguen siendo solo ensayos de liderazgo humano y eventualmente todos se pueden equivocar.

La intervención de la religión en la política ha llevado a episodios lamentables en muchas civilizaciones, tanto en tiempos pasados como en la actualidad. Algo tan simple como la idea de la conciliación mediante el matrimonio entre Enrique de Navarra y Margarita de Valois, tuvo como consecuencia la llamada Masacre de San Bartolomé, en la que 10.000 protestantes perdieron la vida. 10.000 personas murieron solo porque creían en la doctrina de la justificación por la sola fe. Es decir, por una cuestión semántica. Pero estas persecusiones no han desaparecido, en mayo de 2008 un hombre abandonó Jordania antes de perder a su hijo y probablemente la vida por convertirse al cristianismo, evidentemente por razones estrictamente religiosas, pero bajo el soporte político de un estado que sostiene un gobierno soportado por la gracia de dios. En una nueva vieja historia.

Es lugar común escuchar a las personas hablar acerca del destino y la voluntad divina, en latinoamérica es facil escuchar a alguien rematar sentenciosamente con un “si dios quiere” a casi cualquier afirmación, “si dios quiere mañana nos vamos a la playa” es una frase comprensible y aceptable en un entorno de creencias religiosas. Sin embargo es inaceptable, hasta para los más religiosos, escuchar a un líder político o un admininistrador público decir “si dios quiere manejaremos correctamente el presupuesto del estado” o “si dios quiere habrá un sistema de salud pública eficiente“. Si estas expresiones no son aceptables, por qué si ha de ser aceptable “venceremos en esta guerra (seguramente sangrienta) con la ayuda de dios“.

(en desarrollo)

 


Capítulo I

Serie 1: Los padres

Serie 2: La educación

Serie 3: La política

Serie 4: Las instituciones

Serie 5: La gran manipulación

Espere pronto el capítulo II

 

 

Anuncios

Capítulo I / Serie II: La educación

Serie II: La educación

Muchas de las más conocidas instituciones de educación superior en el hemisferio occidental, están de una u otra forma ligadas a instituciones religiosas. No es por azar que la prestigiosa Harvard deba su nombre a John Harvard, un clérigo inglés. De hecho muchas instituciones universitarias de Europa y América han tenido ilustres orígenes como formadores de teólogos, y aún cuando hayan podido desligarse de sus orígenes aún mantienen, dentro de su liberalidad, un importante marco teológico, o influenciado por la religión. Llegados a este punto cabe agradecer, como en muchas otras cosas, a las instituciones del clero por su legado a la cultura y la ciencia.

Lamentablemente cuando la religión encontró que la educación, y en especial la educación científica, no era lo suficientemente consecuente con sus dogmas, comenzó una intensa campaña, aún en pie, por el control del mensaje en la educación. Brillantes eruditos religiosos de todos los tiempos se han preparado para debatir contra muchos avances y descubrimientos científicos. En 1874, Charles Hodge publicaba un ensayo; What is Darwinism? en el que acusaba al Darwinismo, a Darwin y a la Teoría de la Selección Natural y el Origen de las Especies de ser ideas ateas. Hoy día la acusación puede parecer ingenua e inofensiva, pero en esa época y proviniendo del decano del Princeton Theological Seminary y líder calvinista en los Estados Unidos, era una acusación importante en un a sociedad puritana, de hecho sus ideas colaron hondamente en algunas universidades, por supuesto Hodges también defendió durante mucho tiempo la esclavitud, pero eso era otro tema.

Por supuesto es conocido que Darwin fue objeto de burlas por sectores diversos, además de los religiosos, pero el peso de estos últimos llevó siempre una connotación de invalidez fuera de toda discusión, totalmente intolerante.

Aún en la actualidad existe fuerte oposición en algunas zonas a la enseñanza de las teorías Darwinianas en la educación media y primaria, esta oposición proviene no de sectores científicos con nuevas teorías o leyes acerca de la razón de la existencia de las especies, es una oposición que proviene de la invasión de sectores religiosos en temas a los que no pueden alegar más que con dogmas, o las sagradas escrituras.

Con la anuencia de instituciones religiosas se ha querido llevar teorías creacionistas a la educación básica en Estados Unidos (1), como la del llamado diseño inteligente, afortunadamente en este caso particular las leyes lo impidieron, pero no deja de ser un ejemplo de la influencia religiosa, o al menos la pretensión de tal influencia, en la educación pública.

Sin embargo fuera del ámbito de las escuelas públicas, y por el libre derecho a la educación y al respeto a la identidad y cultura que existe, afortunadamente, en muchos países, aún hay instituciones educativas que se reservan el derecho de enseñar o no las conclusiones a las que la ciencia ha llegado; bajo la contundencia de miles de evidencias, pruebas y estadísticas válidas; respecto a la evolución del hombre o la edad de la tierra entre otras, presentando como teorías ciertas al creacionismo, y aunque parezca inverosímil, el egocentrismo -pobre Galileo- en el cual aún creen uno de cada cinco norteamericanos.

La educación privada de soporte religioso es incluso subvencionada por gobiernos autoritarios de izquierda como el de Venezuela, en los países árabes la educación laica es prácticamente inexistente, en algunos países seglares; donde no hay separación del estado y la religión; la educación tiene un carácter prácticamente de adoctrinamiento.

Este adoctrinamiento es menos evidente en las escuelas privadas de países laicos, sin embargo existe. ¿Permitiría un padre que su hijo fuese a una escuela básica o a un kindergarten de adoctrinamiento político? probablemente no, sin embargo inscriben voluntariamente a sus hijos en centros de adoctrinamiento religioso gustosamente. ¿Por qué lo hacen?, porque la política pudiese salvar vidas, pero la religión salva almas. De nuevo el precepto de que algo mejor vendrá, a pesar de ser cada uno de nosotros, individualmente, el reflejo de la cúspide de la estadística de la posibilidad de vida inteligente, a pesar que somos uno entre millones de espermatozoides entre cientos de cadenas de ADN, pero todo lo que somos, toda esa conjunción de millones de probabilidades para que estemos aquí y ahora, según la educación religiosa solo sirve para lo bueno que viene después. En la otra vida. En la que seguramente no necesitaremos educación religiosa.

Sin embargo algunos se pueden preguntar ¿Qué de malo puede enseñar las sagradas escrituras?, bueno, solo imagínese a su hijo aprendiendo el mensaje del Deuteronomio (13:6-10):

6 »Si te incita tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciéndote en secreto: “Vayamos y sirvamos a dioses ajenos”, que ni tú ni tus padres conocisteis, 7 –los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella–, 8 no consentirás con él ni le prestarás oído, tu ojo no lo compadecerá, no le tendrás misericordia ni lo encubrirás, 9 sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo. 10 Lo apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová, tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, (2)

A tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, dice, lo matarás por tu mano. Porque si ese ser querido te invita a adorar a otro dios, no le darás consejo, no lo traerás de vuelta al rebaño con palabras convincentes, no vas a dialogar con él ni a presentar tus argumentos, no, le matarás a pedradas.  Eso dicen las escrituras, eso el Deuteronomio. ¿Qué clase de padre quiere que a sus hijos le enseñen algunos de los párrafos más intolerantes y cargados de odio en la literatura mundial?  Y no es el único párrafo por el estilo, en Números 31, el buen Moisés, puño de la ira de dios, ejecuta la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas a solicitud de Jehová, y luego de matar a todos los hombres de Madián y sus reyes, los hijos de Israel se llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas con sus niños, y les arrebataron todas sus bestias, todos sus ganados y bienes, incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones, y llevaron los cautivos ante Moisés:

14 Pero Moisés se enojó contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra. 15 Les dijo Moisés: «¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres?17 Matad, pues, ahora a todos los niños varones; matad también a toda mujer que haya tenido relaciones carnales con un hombre.

¡He aquí al buen Moisés lleno de ira contra sus capitanes porque se les había ocurrido la insensata idea de dejar con vida a las mujeres y los niños!

Seguro que no han sido las palabras más heróicas de la historia, seguro no es eso lo que un buen padre quisiera que su hijo aprendiera en la escuela, acabar o tratar de acabar con un pueblo entero, según entiendo alguien después de Moisés lo intentó: Adolf Hiltler.

Si bien son solo extractos seleccionados, no son de ninguna manera mensajes aislados o exclusivos de la tradición judeo cristiana, los llamados a guerras santas, sagradas o como se les quiera llamar no han sido exclusividad de unas pocas religiones. Están en el mensaje que llega a los niños en momentos cruciales de su formación, y si bien existen valiosísimos mensajes de mínima convivencia, de valores y principios, si bien el llamado general pudiese ser a no robar, matar o mentir, estos valores se mezclan con mensajes de intolerancia y segregación.

Capítulo I

Serie 1: Los padres

Serie 2: La educación

Serie 3: La política

Serie 4: Las instituciones

Serie 5: La gran manipulación

Espere pronto el capítulo II

 

Capítulo I / Serie I: Los Padres

Serie I: Los padres.

Gran parte de lo que asumimos como nuestra cultura nos es directamente inducida por nuestros padres y abuelos y en general por nuestro círculo familiar. Esto es válido también para nuestras creencias, sin embargo en muchos casos algunos de los aspectos que nos definen, como nuestras convicciones políticas, tardan un poco en sernos presentadas por los parientes más cercanos, quienes tienden a aceptar que a corta edad no estamos preparados para comprender o asumir como ciertos los ideales que ellos quisieran que compartiésemos.

Seguramente un buen padre socialista o liberal considerará, eventualmente, como un logro satisfactorio el que su hijo o hija comparta su visión política, posiblemente en un plano más banal, un padre verá con buenos ojos que su hijo o hija sea aficionado a los mismos deportes o equipos deportivos. Yendo más allá, un padre abnegado pero seguro de la crianza de sus hijos comprenderá si su buen retoño se sale un poco del carril y fuese un poco más de izquierda o de derecha de lo que espera, o que sea aficionado a los Dodgers y no a los Yankees.

En ese entorno general, se nos permite discernir, ser nosotros mismos. Sin embargo existe una parte de lo que debemos asumir como nuestra cultura, que nos es inducida sin el mismo criterio de reflexión. Si bien un padre no consideraría, generalmente, hablarle de política e imponer su visión o convicciones políticas a un niño de menos de 10 u 8 años, pareciera que inexorablemente se siente obligado a llevarles por el único camino infalible, el único dogmático e inequívoco del cual depende su salvación.

Esta salvación depende poco de los principios y valores humanos lógicos y fundamentales que, en general, defiende la raza humana, esta salvación no tiene mucho que ver con la ética y la ley o con la forma de conducirnos correctamente frente al resto de la nuestra especie. Porque aún antes de que podamos saber acerca de los deberes y derechos, antes de que aprendamos normas de cortesía y del buen convivir, nuestros padres han decidido cual es el camino que salvará nuestro espíritu, nuestra alma inmortal, de los terribles designios del pecado. Porque aún antes de poder hablar o comprender, cuando nuestra psique asumirá como cierto las enseñanzas paternas más allá del bien y el mal, se inducirá a esa pequeña criatura humana a una de las últimas supersticiones ancestrales de la especie; la religión.

Mucho antes de poder siquiera pensar en el camino de la verdad, un padre responsable habrá bautizado, circuncidado o iniciado a su descendiente en su  creencia espiritual cultural, en el sano camino de la salvación de las almas, en el verdadero camino a dios.

Richard Dawkins ha definido esta inducción de la infancia a la religión como un virus, que se extiende de generación en generación y que en ocasiones es roto por la simple capacidad humana de dilucidar nuestra propia obra de ingenio. No es necesario explicar aquí los caminos convergentes que refuerzan después dicha elección paternal de las creencias, usualmente los mismos padres eligen el entorno especial en el que sus hijos verán reforzada su escala de valores religiosos, las escuelas a las que asisten, las iglesias o comunidades a las que pertenecerán y a las que le harán ir y a las cuales, eventualmente, asumirá cada uno como suyas.

Para la impresionable mente de un niño de 8 o 12 años, el concepto terrible del castigo perpetuo, del infierno, puede parecer la más terrible de las pesadillas. Imagínense el terrible drama de un niño ante la posibilidad de quedarse sin ver su programa favorito o de jugar en su cónsola de video por una conducta inapropiada y multipliquen eso por millones ante la terrible pesadilla de pasar la eternidad hirviendo o quemándose en interminable dolor hasta el fin de los tiempos en compañía de los más perversos seres creados por la imaginación, en uno de los lugares más horrible imaginados por alguna mente humana enferma, el infierno.

En una sociedad que cada vez más procura la defensa de la infancia y condena el abuso infantil tanto físico como psicológico, pocos o ningún legislador condena el inculcar a los niños el terrible miedo de pasar la eternidad en un infinito dolor interminable y ardiente, en un castigo imperecedero y sin redención.

El llamado “temor a dios” es una de las más antiguas manifestaciones de debilidad e incapacidad de los padres para hacer de sus hijos mejores personas. En muchos casos la simple incapacidad de encaminar a un niño difícil, inquieto o brillante es solucionada con la presentación de la horrible perspectiva del castigo eterno y de visiones de demonios y otras criaturas imaginarias que solo conllevan la maldad y perversión de aquellas personas que las crearon o imaginaron.

Desde pequeños se enseña a los niños a cuestionar a quienes no comparten la visión religiosa de sus padres, o de su comunidad, se enseña a juzgar a otro niño en África u otro lugar apartado que jamás habrá oído hablar de un Cristo o un Mahoma, se enseña a condenar la falta de fe de aquel que no ha podido escuchar el camino de la verdad tan solo porque posiblemente nunca llegó a su lado alguno de estos poseedores del gran secreto de la salvación.

Infieles, paganos, no creyentes y otros tantos epítetos llenos de intolerancia son los que habrán de repetir estos niños si no alcanzan a entender que somos de la misma especie, que compartimos los mismos genes y que hemos llegado a esta parte del camino evolutivo tras millones de años de transcurrir.

En países del llamado primer mundo, en pleno siglo XXI, comunidades de padres exigen que sus hijos reciban educación religiosa en las escuelas públicas, pretendiendo que se enseñe la teoría de la evolución si acaso como un soporte cultural, a pesar del soporte científico y millones y millones de estudios y evidencias. Pretenden además que la educación religiosa se coloque, al menos al mismo nivel que la científica, aunque sea totalmente improbable por medios lógicos y cuyo único soporte documental, por otro lado infalible, serían las antiguas escrituras.

Hasta que la religión no  comience a ser vista como uno más de los aspectos culturales que enriquecen nuestro historia, la decisión de los padres de permitir a sus hijos discernir y elegir será la opción más apropiada.

Capítulo I

Serie 1: Los padres

Serie 2: La educación

Serie 3: La política

Serie 4: Las instituciones

Serie 5: La gran manipulación

Espere pronto el capítulo II